lunes, 22 de junio de 2009

Les encanta repetir

Pueden pasarse horas haciendo lo mismo. Parece un juego poco creativo pero en realidad es todo lo contrario: los niños descubren cómo funciona el mundo y como intervenir en él, repitiendo. Necesitan las rutinas.

Con tan solo un año, los niños ya pueden jugar a unas cuantas cosas: encajar formas sencillas, apilar piezas, corretear, patear la pelota, arrastrar cochecitos, golpear un tambor, mirar (o más bien romper) cuentos y revistas... Eso sí, su atención sólo es capaz de entretenerse breves momentos en cada juego. ¡Salvo cuando se enfrascan en una actividad repetitiva! ¿Por qué lo hacen?

1. Descubren un mundo nuevo

A esta edad, los niños se encuentran inmersos en el llamado juego sensomotor. A través de él descubren el mundo físico, sus propiedades y posibilidades: el peso, la dureza, el sonido, la opacidad... Consiste, sobre todo, en tocar, golpear, arrastrar, sacudir, voltear, abrir y cerrar, meter y sacar, arrojar y recuperar, esconder y encontrar...

Disfrutan provocando que ocurran cosas: un sonido, un desplazamiento,una caída, la desaparición de un objeto, su recuperación… Cosas nuevas y sorprendentes. Sí, nuevas para ellos, aunque sean tan conocidas para nosotros. Por eso, aunque no lo parezca a primera vista, este juego es muy creativo.

2. Les aporta seguridad

Así pues, los niños aprenden repitiendo. Algo tan sencillo como golpear una cacerola con una cuchara les enseña que, si se choca una cosa con otra, se produce un sonido. Y lo provocan ellos. ¡Qué placer! ¿Cómo no volver a hacerlo?

Cuando se está empezando a vivir, el mundo se rige por el azar y elcaos. Las cosas ocurren sin orden ni concierto, sin saber por qué. Pero si siempre que se da un golpe, se produce un ruido, entonces hay algo que el pequeño ya tiene claro: que después de lo uno, siempre viene lo otro. Todo un hallazgo: ha descubierto una ley que funciona. Y va a comprobarla una y otra vez, porque, además le da seguridad.

3. Les ayuda a progresar física y psicológicamente

La reiteración de actividades motoras tiene varias funciones:

  • Perfecciona el dominio de su cuerpo: con la práctica se consolidan las conexiones cerebrales que proporcionan facilidad y soltura.
  • Le da al niño la satisfacción de ejercitar y comprobar esas habilidades y su progreso, es decir, de sentirse competente. Cuando se centra repetitivamente en una acción o en un objeto, lo que está haciendo es seleccionar, centrarse en algo y así descartar otra serie de estímulos que podrían desbordarle.
  • Les permite asimilar lo que es nuevo para él, convirtiendo lo inédito y extraño en familiar y conocido.

4. Les hace perseverantes

Esa capacidad para sobreponerse al fracaso e intentarlo otra vez, supone una capacidad de empeño muy saludable. Significa que el niño es perseverante y resistente al desánimo, y que está dispuesto a aprenderde sus propios errores (por eso se llama aprendizaje por ensayo y error).

Hay que crearles rutinas

En estos primeros años, los niños se sienten más seguros si las cosas ocurren de un modo regular y si saben lo que viene después. Por eso, para ayudarles debemos:

  • Utilizar las mismas acciones y palabras para acostarlos, para levantarlos, para el baño y la comida y hacerlo todo en el mismo orden y a la misma hora hace que el mundo sea más previsible, ordenado y sencillo.
  • Seguir un orden en las actividades previas a acostarlos (baño, cena, lavado de dientes, pis, pijama, cuento o canción, despedida del muñeco y del osito, beso de buenas noches...), les ayuda en la transición a la oscuridad y al sueño.
  • Las rutinas de cada día les ayudan a estructurar el tiempo, a hacer que todo sea menos estresante y agotador. Cuando hay que introducir cambios, conviene avisarles con antelación y no extrañarnos si observamos alguna pequeña alteración de humor, nerviosismo o irritabilidad.
  • Cada niño tiene pequeñas manías y rituales que conviene respetar.

Por: Luciano Montero, psicólogo.

Mi hijo pinta… ¿Dibujos o garabatos?

Pequeños artistas: Mi hijo pinta… ¿Dibujos o garabatos?
Los niños son artistas n aturales y sus obras son esenciales para su desarrollo emocional, cognitivo y social. Con tan sólo un año nuestro hijo ya puede garabatear. Los padres debemos abordar sus pinitos en las artes plásticas con el entusiasmo con el que alentamos sus primeros pasos. El garabato es la antesala de la escritura y de muchas habilidades más.

Algo tan sencillo como coger un lápiz resulta para un niño muy complejo. Hasta los dos años aproximadamente, su desarrollo neuronal y motriz no lo permite (exige coordinación, fuerza...). A ellos eso no parece importarles demasiado. Desde los primeros meses, probarán las delicias de emborronar cualquier superficie con algún material: desde los restos de papilla al rotulador del hermano o el pintalabios de la madre. Estos actos son muy valiosos. Por eso deben estimularse y orientarse correctamente.

El garabato, precursor de la escritura

  • Si un niño ha dibujado cientos de círculos jugando es más probable que se enfrente con soltura al trazo de una ‘a’, por ejemplo.
  • Lo que comienza siendo (entre los 12 y los 18 meses) una simple descarga motriz, un movimiento del cuerpo sin intención, se transforma en un acto cada vez más consciente, intencionado y coordinado (de los 18 a los 24 meses). A partir de ahí, los dibujos le servirán para expresar lo que aún no puede o no sabe decir con palabras.
  • El garabateo de los pequeños es tan importante como el impulso que les permite andar y que se manifiesta en esa misma etapa de su vida (al cumplir el año).
  • Pintar no es sólo pintar. Si observamos a nuestro hijo mientras dibuja comprobaremos que mueve todo el cuerpo, de la espalda a los hombros. Pronto coordinará sus ojos con la mano y los dedos. Es cuestión de práctica.

Sus dibujos no significan nada

  • Puesto que la finalidad de pintar no es la corrección artística sino el desarrollo global del niño, cada pequeño paso tiene su valor. Los padres son quienes tienen que dar la justa importancia a lo que hacen los hijos.
  • Si expresamos nuestra admiración por su dibujo y lo exponemos (la nevera, por ejemplo, puede ser un buen sitio), estaremos reforzando su autoestima y animándole a seguir mejorando su técnica.
  • Poco a poco, podemos ir preguntándoles qué han dibujado, dándoles nosotros propuestas (¿es un sol?, por ejemplo) y logrando así poner palabras donde sólo había trazos irregulares.
  • Resulta poco apropiado que los padres se creen expectativas que no van a cumplirse porque aún son pequeños (no salirse de los límites del dibujo trazado, por ejemplo). El límite en el dibujo lo ponemos los mayores. Para los pequeños todo es una superficie que rellenar. Y suelen intentar abarcar todo el espacio.
  • Si mostramos algún tipo de decepción, ellos van a sentirse desanimados.
  • No debemos preocuparnos por los colores que eligen para dibujar. Entre uno y dos años es totalmente involuntario y azaroso: suelen escoger el que está más cerca o la cera más cómoda. Lo que sí les suele gustar mucho es el contraste que hace el negro sobre el fondo blanco o sobre el resto de colores suaves.
  • Unos seis meses después de haber comenzado a garabatear, en algún momento descubrirán que hay una vinculación entre sus movimientos y los trazos del papel. Este es un paso muy importante, y representará un cambio en sus dibujos y su forma de dibujar.

Pintar como ritual

Es recomendable que el momento de dibujar implique para el niño un pequeño ritual: ponemos periódicos en el suelo, sacamos las pinturas de la caja, elegimos un folio o cartulina blanca, ponemos música... Así, comprenderá cuándo toca dibujar, cuándo puede uno emborronar sus cartulinas y sus manos y cuándo no. Además del estímulo neuronal y motriz que supone para el niño la actividad de pintar, también puede tratarse de un momento perfecto para "poner límites".

Elegir materiales adecuados a su edad

Existen ceras gruesas fáciles de agarrar, sin envoltorio de papel (pueden quitarlo y llevárselo a la boca); rotuladores no tóxicos de punta redondeada, pintura de dedos...

Existen muchos materiales no al uso útiles para niños de un año. Por ejemplo, un buen truco es utilizar gelatina en polvo, disuelta en agua, para hacer acuarelas. Pueden llevarse la gelatina a la boca sin ningún riesgo.

¿Dónde pueden dibujar?

Los padres debemos ser conscientes de que esta actividad mancha. Puesto que con un año aún no es fácil acertar con precisión en los límites del papel, resulta muy práctico cubrir el suelo con papel de periódico y sobre este disponer la cartulina que vayamos a usar. Otra opción es usar la trona, con su mesita de plástico.

Buenas ideas
No tan buenas
  • Tener un lugar de la casa para exponer sus obras y admirarlas.
  • Ponerle ropa cómoda y fácil de lavar para que no nos importen las manchas.
  • Prestar toda nuestra atención a lo que hace y no intentar dirigirle.
  • Esperar que se sienten durante un largo espacio de tiempo y mantengan la concentración en el dibujo. Son aún muy pequeños.
  • Corregir lo que hacen. Afecta a su autoestima.
  • Buscar interpretaciones a sus dibujos. Son trazos sin intención.

Por: Susana Fernández Cifuentes.

Asesora: Rosario Sánchez, psicóloga.

lunes, 3 de noviembre de 2008

colage de fotos